El lunes subí un momento de Sant Antoni a Montjuïc. Es fácil: dos paradas de la L2 (la línea lila) y funicular. Como hacía mucho calor y tenía que esperar a una amiga me quedé sentado en el vestíbulo del funicular. Y la verdad es que en Barcelona a la que te paras a observar alucinas.

Una pareja adulta, hombre y mujer, de cuarenta y tantos, le preguntan algo a la joven taquillera refugiada tras el cristal del despacho que tienen los taquilleros del metro de Barcelona. Muchas, muchas veces me pregunto qué hacen los taquilleros del metro de Barcelona, ​​si me lo quieren contar en los comentarios de este post fantástico, porque no entiendo su trabajo, creo que ha quedado caducado. ¿Es pura presencia para que a los usuarios del metro nos parezca que no estamos solos?

El caso es que la pareja y la taquillera no se entendían. La taquillera se esfuerza poco en asistirles:

– “Do you speak English?”, le preguntan.

– “A little bit”, responde.

“No es el inglés, son las ganas”, pienso yo.

La pregunta de los turistas es la más fácil que puedes hacer en Barcelona: “¿Cómo llegar a las Ramblas?”

Pero ella, ni idea. Sólo les sabe decir que vayan a la parada “Paral·lel”. Pero nada de cómo llegar hasta ahí. Ni mu, por ejemplo, de que antes deben cojer el Funicular de Montjuïc, que es la parada donde están. Y ni mu tampoco de en qué parada deben bajar para salir a las Ramblas.

Yo primero me lo miraba de lejos: “Esta vez no me meto”. Pero la situación es tan absurda que puede conmigo: Ellos que no acaban de entender dónde están y la taquillera que ya está hablando de sus cosas con la compañera, porque en la inutilidad de su posición no son una sino dos.

Al final me levanto ordenador en mano, con el mapa del metro de Barcelona en pantalla, me acerco a la pareja de turistas intentando no asustarles (porque todos los turistas en Barcelona van cartera y bolso en brazo, protegido de los carteristas) y les digo:

– “You want to go to les Rambles, right?”

La mujer se asusta menos que el hombre y da pie a dejarse ayudar.

Total, que al final entienden que tienen que coger el funicular, bajar en la parada Paral·lel, y tomar la línea lila hasta Universitat, bajar y preguntar dónde están las Ramblas o plaza Catalunya, a dos minutos. O mejor, cogerr la verde hasta Liceu, aunque tendrán que caminar más para llegar hasta la verde.

¿Y qué billete debo decirles que compren? Me vuelvo a girar hacia la taquillera, le corto la conversación con la compañera y le pregunto:

– “¿Pueden compartir la T10”?
– “La T10 lleva dos años sin existir”, me responde
– “Sí, ya, la Casual, quiero decir”
– “No, que compren la T Familar, de 8 viajes y que pueden compartir”

Se lo digo, me lo agradecen mucho, vuelvo a mi asiento a esperar a la amiga y me vuelvo a mirar la situación de lejos. Ellos se pelean un poco con la máquina expendedora pero al final compran la T Familiar, validan los billetes, entran en el vestíbulo, vuelven a hacer que gracias con la mano y bajan hacia el funicular.

Total, que creo que las funciones de los empleados de las taquillas del metro de Barcelona están absolutamente desfasadas. Cuando en la parada de los Ferrocarrils en Muntarer eliminaron las taquillas hace… ¿30 años? las sustituyeron por el mismo taquillero con uniforme con total voluntad de ayudar a los usuarios. Aquel hombre lo hizo hasta hace pocos años, ahora se habrá jubilado. Pues lo mismo, los empleados del metro sí deben estar ahí -yo creo que sí- pero al lado de las máquinas expendedoras y con voluntad de servicio. Ah, y hablar idiomas y tener empatía con todo el mundo, especialmente con los turistas, que son los que más lo necesitan. Al revés de lo que ocurre ahora, vaya.